Medalla Religiosa Nuestra Señora de Lourdes – Conmemorativa Gran Jubileo Año 2000
Hermosa medalla conmemorativa en metal dorado. Emitida en el año 2000, combina la imagen clásica de la Virgen de Lourdes en la gruta con el logotipo oficial del Gran Jubileo del Milenio «Christus Hodie Heri Semper». Ideal para coleccionistas de temática religiosa.
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Esta medalla es un testigo del paso de milenio en uno de los lugares de peregrinación más visitados de la cristiandad. No es una moneda de curso legal, sino una medalla de recuerdo (souvenir) de alta calidad vendida en el santuario.
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Anverso: Muestra la imagen icónica de la Virgen María apareciéndose en la gruta de Massabielle. Rodeándola, la inscripción francesa «NOTRE-DAME DE LOURDES» y, a sus pies, la famosa frase en dialecto gascón (occitano) que la aparición dijo a Santa Bernadette: «QUÈ SOY ERA IMMACULADA COUNCEPCIOU» (Yo soy la Inmaculada Concepción).
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Reverso: Presenta el logotipo oficial del Gran Jubileo del año 2000: cinco palomas que forman un globo terráqueo y una cruz, diseñado por Emanuela Rocchi. Alrededor, el lema en latín inspirado en la carta a los Hebreos: «CHRISTUS HERI HODIE SEMPER» (Cristo ayer, hoy y siempre) y la fecha JUBILAEUM A.D. 2000.
Ficha Técnica y Estado de Conservación
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Tipo: Medalla religiosa / Souvenir (Exonumia).
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Origen: Santuario de Lourdes, Francia.
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Año: 2000.
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Material: Aleación dorada (Latón o Bronce dorado). No parece oro macizo, sino metal base de buena calidad.
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Diámetro: Aprox. 30-34 mm.
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Estado de Conservación: EBC (Excelente Bien Conservada). Mantiene un brillo dorado muy bonito y los relieves están nítidos. Tiene mínimas marcas de uso.
Notas curiosas para el coleccionista
La frase «Que soy era Immaculada Councepciou» es clave en la historia de Lourdes. Cuando la niña Bernadette Soubirous preguntó a la «señora» quién era, esta le respondió en el dialecto local de los Pirineos, no en francés. Que una niña analfabeta supiera ese término teológico (el dogma de la Inmaculada Concepción había sido proclamado por el Papa solo 4 años antes) fue lo que convenció al párroco local de que la aparición era auténtica.
















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